martes, 10 de marzo de 2009

Colombiano víctima del 11M dice que cada aniversario es una tortura

Cinco años después de la masacre de Madrid, víctimas latinoamericanas de los atentados del 11 de marzo de 2004 recuerdan aquel terrible día en el que sus vidas cambiaron para siempre. "Cada día es 11 de marzo", afirman.

Aquel día murieron catorce ciudadanos latinoamericanos procedentes de Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, Honduras y Perú, junto a otras 178 personas, que viajaban en los cuatro trenes en los que terroristas islamistas hicieron estallar varias bombas escondidas en mochilas.
Otros latinoamericanos, junto a centenares de españoles e inmigrantes de otros países, como Marruecos o los de Europa del Este, resultaron heridos o perdieron familiares.

Euclides Antonio Ríos es colombiano, de Cali, tiene 55 años y tres hijas. Viajaba en el único vagón que no hizo explosión de uno de los cuatro trenes atacados, cerca de la estación de Atocha.
Aunque en un primer momento la gente optó por salir corriendo, Euclides convenció a muchos para que se quedaran y ayudaran a los que viajaban en los otros cinco vagones, muchos ya muertos y otros heridos.

"La vida cambia en muchos sentidos", dice, y manifiesta que él ya no es la misma persona que hace cinco años.

Este colombiano, que lleva en España once años y que tiene la nacionalidad española, explica a EFE que nunca olvidará aquel 11 de marzo de 2004, en el que se dirigía a trabajar a una obra en construcción en el centro de Madrid.
Ya no puede trabajar en la construcción porque una de sus piernas no se lo permite y no puede hacer esfuerzos, aunque es consciente de que otros salieron peor parados.

Ahora trabaja en el aeropuerto de Madrid. "No puedo hacer lo que hacía y de ganar un buen dinero, ahora trabajo para ganar 900 euros de salario mínimo y tengo que sobrevivir con eso", señala.
Cuando se sube a un tren lo pasa mal, aunque por necesidad tiene que hacerlo. "Cuando el metro se para en un túnel y se van las luces, a veces pasa, uno se pone de los nervios", explica, antes de asegurar que además se ha vuelto más desconfiado y que está "pendiente" del resto de las personas y de si llevan mochilas.

"Uno sospecha de todo el mundo", precisa.

Afirma que cada aniversario del 11-M "todo se viene otra vez a la mente, como si hubiera sucedido hoy mismo". La televisión, la radio y la prensa están siempre ahí y "para nosotros es como una tortura".
"Nunca se olvida. Cada día es 11 de marzo", señala Euclides, vocal de la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo.

En esto también está de acuerdo José Omar Rivas, de 43 años y natural de Caracas, quien asegura que se trata de un recuerdo que "no se borrará nunca" y que está presente cada día.
Como todos, también tiene secuelas, sobre todos psíquicas. "Ya no puedo trabajar en sitios cerrados", confiesa José Omar, quien hasta hace cinco años reformaba pisos, una tarea que ya no puede hacer.

"Uno ya no se ve como una persona normal. Incluso cuando va a pedir trabajo y ven el historial médico y el trauma psicológico, opta a menos trabajos que antes", añade.

Este venezolano, ahora desocupado, que vive en España desde 2002 y que iba en el mismo vagón que Euclides, no ha podido volver a subirse a un tren. Lo ha intentado en dos ocasiones pero: "Me entran nervios, me desespero, y me tengo que bajar".

En un primer momento pensó en volver a su país, aunque rápidamente desechó la idea. "Aquí hay más seguridad", dice.
Tanto Euclides como José Omar aseguran que nunca pensaron que un atentado así ocurriese en España, ya que, según afirman, ellos proceden de países donde sí hay "violencia extrema".
"Uno viene a este país a formar una vida mejor, sucede esto y prácticamente cambia la vida de toda la gente", lamentan.

No obstante, Euclides nunca pensó en volver a su Colombia natal.

"Yo no esperaba que ocurriera algo así en España. Vengo de un país donde existe mucha violencia, bombas. Yo viví varias bombas en mi país y uno se acostumbra a eso", apunta.

Muchas de las víctimas latinoamericanas se encuentran de vez en cuando en las reuniones de las asociaciones que los agrupan.
Euclides afirma que las víctimas no quedaron satisfechas con el juicio por el 11-M y que aún quedan "cosas oscuras por aclarar", a la vez que destaca que la justicia "no alivia el dolor".
"Nosotros estamos contando el cuento, pero debido a que el tren traía dos minutos de atraso. Si no fuera por eso, no estaríamos contando la historia", finaliza.
Agwncia EFE

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